¿Cuánto ha rentado realmente tu inversión? La pregunta parece sencilla, pero la respuesta puede variar significativamente dependiendo del método que uses para calcularla. Entender las diferencias entre los distintos métodos de cálculo es esencial para evaluar correctamente el rendimiento de tu cartera.

Rentabilidad simple: el método básico

La fórmula más básica: Rentabilidad = (Valor final - Valor inicial) / Valor inicial × 100.

Si compraste por 10.000 euros y ahora vale 12.000, tu rentabilidad es del 20%. Simple y directo, pero no tiene en cuenta el tiempo transcurrido ni las aportaciones intermedias.

Rentabilidad anualizada (CAGR)

La rentabilidad simple no permite comparar inversiones de diferentes duraciones. Si una inversión generó un 50% en 10 años y otra un 30% en 5 años, ¿cuál fue mejor? La rentabilidad anualizada (CAGR, Compound Annual Growth Rate) responde esto: CAGR = (Valor final / Valor inicial)^(1/n) - 1, donde n es el número de años.

En el ejemplo: inversión 1: (1,5)^(1/10) - 1 = 4,14% anual. Inversión 2: (1,3)^(1/5) - 1 = 5,39% anual. La segunda fue mejor, aunque el porcentaje total fuera menor.

TWR vs. MWR: cuando hay aportaciones periódicas

Cuando haces aportaciones regulares (DCA), los métodos anteriores no funcionan bien. Existen dos alternativas: el TWR (Time Weighted Return) mide la rentabilidad del gestor/estrategia independientemente del timing de las aportaciones. El MWR o IRR (Internal Rate of Return) mide la rentabilidad real obtenida por el inversor teniendo en cuenta cuándo entró y salió el dinero.

La rentabilidad real: desconta la inflación

Una rentabilidad nominal del 6% con una inflación del 3% da una rentabilidad real del 2,9%. Siempre compara tu rentabilidad con la inflación para saber si estás creando riqueza real o simplemente manteniendo el poder adquisitivo.

Herramientas para calcular tu rentabilidad: Portfolio Visualizer (portfoliovisualizer.com) permite calcular TWR, MWR y comparar con índices de referencia. La app de tu broker también suele mostrar la rentabilidad ponderada por tiempo. Revisa tu cartera trimestralmente y compara siempre con el índice de referencia — si no bates al mercado, un ETF indexado habría sido mejor opción.

El benchmark: compararte con el mercado

Calcular la rentabilidad de tu cartera es solo la mitad del trabajo. La segunda mitad es comparar esa rentabilidad con un índice de referencia (benchmark) apropiado. Si tu cartera está compuesta principalmente por acciones europeas, el benchmark adecuado es el MSCI Europe o el STOXX 600. Si es global, el MSCI World o el MSCI ACWI.

Si tu cartera ha ganado un 8% en un año en el que el MSCI World ha ganado un 12%, no has tenido un buen año aunque hayas ganado dinero. En términos relativos, has destruido valor: un ETF del MSCI World habría dado mejores resultados con menos esfuerzo y coste.

El sesgo de supervivencia en los cálculos de rentabilidad

Cuando calculamos la rentabilidad de nuestra cartera, tendemos a olvidar las inversiones que cerramos con pérdidas y recordamos mejor las ganadoras. Este sesgo de supervivencia cognitivo hace que la mayoría de los inversores sobreestimen sistemáticamente su rendimiento real.

La solución es llevar un registro exhaustivo de todas las operaciones, incluyendo las perdedoras, y calcular la rentabilidad sobre el capital total empleado, no solo sobre las posiciones actuales.

Rentabilidad neta de impuestos y comisiones

La rentabilidad bruta es lo que muestra el broker. La rentabilidad neta es lo que realmente te quedas. Hay que descontar las comisiones del broker (compra, venta, custodia), el TER de los fondos o ETFs, y los impuestos pagados sobre las ganancias realizadas. En algunos casos, estos costes pueden reducir la rentabilidad real en 1-2 puntos porcentuales anuales, una diferencia enorme a largo plazo.