Los mercados emergentes son con frecuencia tratados como un bloque homogéneo, pero la realidad de 2026 ilustra perfectamente por qué esta categorización es simplista. India y China, los dos gigantes del mundo en desarrollo, están siguiendo trayectorias completamente divergentes y ofrecen lecciones fundamentales sobre la importancia de la diversificación geográfica en las carteras de inversión.
El índice Sensex de Bombay acumula una revalorización del 18% en lo que va de 2026, consolidando a India como el mercado emergente de mejor comportamiento. Los factores detrás de este rendimiento son estructurales: una demografía joven y creciente con más de 1.400 millones de habitantes, una clase media en expansión, una digitalización acelerada impulsada por el gobierno Modi, y un sector tecnológico de clase mundial que atrae inversión extranjera directa.
India superó a China como el país más poblado del mundo en 2023 y su PIB crece al 7% anual, haciendo que sea probablemente la mayor economía del mundo en términos nominales para mediados del siglo XXI. Los inversores institucionales globales han aumentado significativamente su exposición al mercado indio.
El mercado chino, por el contrario, ha protagonizado una de las mayores decepciones inversoras de los últimos años. Tras el pico de 2021, el índice CSI 300 perdió más del 40% de su valor en dos años, afectado por la campaña regulatoria contra el sector tecnológico, la crisis inmobiliaria de Evergrande y sus consecuencias, el deterioro de las relaciones con EE.UU. y la debilidad del consumo interno post-pandemia.
La forma más eficiente para el inversor particular es a través de ETFs UCITS de mercados emergentes. El iShares Core MSCI Emerging Markets IMI UCITS ETF (IS3N) ofrece exposición a más de 3.000 empresas de 25 países emergentes con un TER del 0,18% anual. Para exposición específica a India, el iShares MSCI India UCITS ETF permite concentrarse en el mercado indio si se tiene convicción en su potencial.