Cuando analizas una empresa antes de invertir, hay tres documentos financieros fundamentales: la cuenta de resultados, el estado de flujos de caja y el balance de situación. Este último es el que más confunde a los inversores principiantes, pero una vez que entiendes su estructura, leerlo se convierte en algo natural.

¿Qué es el balance de situación?

El balance es una fotografía de la empresa en un momento concreto. Te dice exactamente qué tiene la empresa (activos), qué debe (pasivos) y cuánto les queda a los accionistas (patrimonio neto). La ecuación fundamental del balance es siempre la misma: Activo = Pasivo + Patrimonio Neto.

El activo: todo lo que tiene la empresa

El activo se divide en dos grandes bloques:

El pasivo: todo lo que debe la empresa

El patrimonio neto: lo que pertenece a los accionistas

Es la diferencia entre activos y pasivos. Incluye el capital social aportado por los accionistas, las reservas acumuladas de años anteriores y el beneficio del ejercicio actual. Un patrimonio neto positivo y creciente es una buena señal.

Los ratios clave que debes calcular

Ratio de liquidez: Activo corriente / Pasivo corriente. Si es mayor que 1, la empresa puede pagar sus deudas a corto plazo. Si es inferior a 1, puede tener problemas de liquidez.

Ratio de endeudamiento: Pasivo total / Patrimonio neto. Por encima de 2 empieza a ser elevado en la mayoría de sectores.

Deuda neta: Deuda financiera total menos caja disponible. Este dato es el que más siguen los analistas profesionales.

Consejo práctico: Compara siempre el balance de varios años consecutivos. Un balance puntual dice poco; la tendencia lo dice todo. Busca empresas donde la caja crece, la deuda se reduce y el patrimonio neto aumenta año a año.